Tuesday, November 06, 2007

siembra

Estoy sembrando en campos que no son de este mundo, que estan mas allá de la imaginación, campos que me permitirán recoger una cosecha de sueños.

Wednesday, September 26, 2007

la neta

lo que soy es por ti

san pedro y sus amigotes

No solo nuestros amos,
aquellos a quienes dimos
damos, daremos... ¡que se yo!
el poder
de la vida
de la muerte,
(mas no de la redención)
serán los porteros del cielo.
No solo aquellos bufones del diablo
ni tampoco el brocado del negro corcel,
la ladilla en los íntimos de Dios
o la boca en la oreja del rey
serán los únicos porteros del cielo,
¡no señor!
serán todos esos y más
muchos más
tantos y tantos más
serán los porteros de ese cielo
(prometido)
que yo, discúlpenme,
estoy pagando a plazos un nicho en el infierno.

mala memoria

Me olvidé la memoria en un cajón de la cocina.
Entre cuchillos y tenedores quedaron mis recuerdos.
Hoy, cuando salí a la calle, me di cuenta de que faltaban
busqué y en el fondo del bolsillo había un roto que guiñaba un ojo al suelo.
Voy con la cabeza vacía doblando las esquinas, aquellas que ayer nombraba sin pensar.
Hoy los nombres se me escapan por entre dedos de viento.
Por ventanas mal cerradas se cuelan mis recuerdos.
Veo una niña _ ¿Dónde vas linda? _ que me miraba triste bajo sus cabellos de fuego.
No recuerdo si debo recordarla .

angel

Encontré una habitación de colores
en la que puedo abrir la ventana
para poder salir a volar.
Soy una ángel que volaba en busca de algo
algo que no podía encontrar
por no saber lo que era
lo buscaba sin buscar.
Era una ángel remontando los vientos
agitando las alas al azar
hasta que un día encontré una habitación
de colores y sabores intensos
y pude, por fin, descansar.
Abro la ventana cuando quiero
y cuando quiero vuelvo los vientos a cabalgar
Es una habitación de colores
dónde se refugia mi soledad.

fantasia

Ayer
fui , en otro tiempo, fui
una mancha en la mar.
Derivando con los vientos
era libre de soñar.

soy un ciento

Hambre de vida
como si no me quedara tiempo.
Me harto de segundos,
de tiempo incierto.
Y me alimento de muertos
en ataúdes de papel que
son las llaves del cielo.
Respiro gentes.
Sus alegrías y sufrimientos.
Soy un ciento.
Por mi hambre y mis deseos.
Campesino, rey, bufón y hechicero.
Vuelo en mi caballo tordo.
Convidado a un banquete
me empacho de sueños.
Vomito.
Alcoholizado por el deseo.
Terrible mezcla.
Sueños, deseos, vida y hambre.
Para tan poco tiempo.

Thursday, July 26, 2007

sin permiso de mi hada

Una minúscula lágrima cae. Tan pequeña es y parece tan indecisa y apocada en su caída que cuando, para descansar, se posa en una hoja las gotas de rocío que allí hay, lágrimas de la noche son, humilladas por tan descarada afrenta la rehuyen y de ella se apartan. La diminuta no tiene por más que alejarse desdichada deslizándose hacia un final demasiado inclinado y continuar su viaje. Un fulgor y ella piensa si será esperanza. Es el primer rayo de la mañana que en ella se acomoda y hace grande a la pequeña y esta ya no tiene miedo y se deja caer al lago. Y en el lago se funde y se confunde. Y el lago en su sabiduría se siente feliz. Una diminuta lágrima con corazón de estrella. Es bueno.
Pero hay más minúsculas, pequeñas, indecisas lágrimas. El rocío no aprende y el lago espera y las recibe. Hoy, esta mañana, al chasquear sus orillas notará el sabor salado. Es bueno.
¿Pero quién deja libres tan inocentes lágrimas infantes?
¿Dónde está la fuente? ¿Dónde el torrente? Arriba. En el comienzo del principio del viaje antes narrado. Son ojos y no ríos. Ojos cargados de nubes de sal. Ojos hermosos. Son dos almendras ahítas de llanto. La curva de una espalda en la curva del retoño de una rama. Piernas inertes y dedos entrelazados en imagen de súplica.
¿Qué te pasa criatura? ¿Por qué lloras?
Proyectas tanta tristeza que esta se pone triste. Levántate y camina. No contagies con tu dolor al bosque. No lo merece. Hoy está orgulloso de ser bosque. Lo noto. Lo se. ¿Por qué te empeñas en afligirlo?
Y se incorpora y la ramita se estremece .Y la curva se estremece. Y la criatura resplandece. Y la espalda se... abre y brotan dos párvulas alas que se despliegan y también resplandecen. Con gesto firme una mano frustra el crecimiento del lago.
Ahora veremos como la hermosa criatura se lanza detrás de la indecisa, minúscula y última lágrima. Observaremos como.... ¿Pero qué hace?
Camina por la rama, por la hermana de la rama y llega al tronco del gran árbol y le da un abrazo de piernas y brazos y se desliza por este hasta legar al suelo.
Lento pero eficaz.
Se aleja y se acerca al sabio lago. Sus diminutos pies se ensucian cuando el barro les saluda y se limpian al besarlos el lago. La criatura se inclina y el lago se acerca. Azul reflejado en azul. Y cae una última lágrima que asustada, escondida allí estaba. El azul sigue siendo azul meciéndose esta vez y esta si la última se une a sus compañera. El lago saborea. Paz. Paz y tristeza. Paz y dolor. Chillos, risas y la paz huye indignada.
Y se ven reflejos rojos, turquesas, amarillos, de todos los colores que cortan el aire y planean. Y el sabio lago ya no es azul del todo. Arco iris parece. Y los colores se detienen junto a los hermosos ojos vestidos de azul. No tocan el lago los colores si no es para jugar con sus diminutos pies con las sombras y las ondas. Y los colores reflejan la luz con movimientos rápidos, concisos. Y los colores toman las manos azules y le animan y las azules manos se retraen avergonzadas. Distraído rojo, añil y sus hermanos colores se alejan dejando a azul con el nuevamente azul sabio lago. Y la diminuta hace esfuerzos por no volver a llorar y se aleja. Andando, deambulando se aleja. Y en su errar la tristeza acaricia las hojas, las piedras, las flores. Y la añoranza por lo no vivido le hace levantar la cabeza y esta vez es el azul del impasible cielo quien se refleja en el marrón. Y el corazón late más deprisa.
La minúscula criatura tiene corazón y este es tan grande que no nos explicamos por qué no escapa de tan pequeño cuerpo. Será que no puede vivir corazón sin cuerpo y cuerpo sin corazón. Pero es tan grande el corazón que le gustaría aventurarse, descubrir, ver, vivir, saborear, soñar por si mismo sin estar prisionero en ese asustado cuerpo.
Y el corazón duele y la criatura, azul, tristeza, todos los nombres valen, se para. Y el corazón entiende. Entiende que no puede vivir uno sin el otro, el otro sin el uno. Inseparables.
No hay otra.
El cuerpo no tiene la culpa de tener miedo a lo desconocido.
La tristeza no tiene la culpa de tener miedo a perder lo conocido. La criatura sabe lo que tiene pero no quiere hacer.
El corazón no entiende de tener y si de querer...
Las esperanzas y los sueños revolotean a su alrededor con chillos, risas y todos los colores.
Y la criatura sube por un tronco liso y valiente que quiere cortejar al sol. El azul se confunde con el azul de cielo nuevo y el doble marrón brilla de nueva forma. Y la tristeza se va deshaciendo y queda enganchada en la piel del valeroso árbol. Y los ojos, esos hermosos y brillantes ojos, solo ven ya por encima de ellos el azul y, a lo lejos, un cachito de playa. Sonríe. Y la diminuta ya no tiene por donde subir y tampoco quiere bajar por que se encontraría de nuevo con la tristeza y ya no tiene espacio para ella pues el corazón todo lo ocupa. Y allí abajo están los sueños, las esperanzas. El verde y el lila. El turquesa. Todos los colores menos el azul que está allí arriba.
Despliega las alas y reflejan azul. Azul de puntillas en lo más alto del alto bosque. Y extiende los brazos. Y el azul del sabio lago le sonríe en amarillo. Y los dulces marrones ojos le devuelven la sonrisa.
Y el corazón y el cuerpo. El cuerpo y el corazón juntos piensan, piensan juntos.
Se es lo que se es aunque se tema serlo.
Hay que atreverse a saltar al vacío con los brazos extendidos, las alas desplegadas. Con una sonrisa marrón brillante vestida de azul.
Quien ha nacido hada a nacido para volar.
Y esa criatura antes triste y temerosa, caminante y trepadora, ahora completa, es lo que nosotros sabíamos.
Lo que ella no se atrevía a saber.
Un hada azul.

Thursday, October 26, 2006

en san telmo

Murmullos en un bar de San Telmo. Hablar, hablar, hablar..... sin ni siquiera mirarse. Palabras cruzándose en el aire, conversaciones que nunca acaban por que nunca empezaron, remiendos de otras pláticas, de ideas trilladas, mientras me fumo un cigarro en esta barra marcada como un brazo volado. Y, entre el humo de cigarro, espesos pensamientos caen rebotando entre las paredes llenas de fotos de personajes olvidados, vivos solo en la memoria de los muertos. ¿Quién eres? ¿Qué eres? Solo un futuro recuerdo de alguien que contaminará largas noches insomnes. Madera que se consume en el fuego y se funde y se confunde con el humo alquitranado que sale de mis dedos y de unos, cada vez más duros, labios. ¿Quién carajo soy? Alguien que está sentado, que no fue el que será. Que dolorosamente cercado por las ansias de esta sociedad se ve navegando sentado en un banco, de timón un vaso y el horizonte nublado. Y surcará los fértiles mares todavía frescos de un tiempo soñado, no engendrado. Brotes de días achatados por el peso del pasado, terriblemente cercano. Y mis labios, todavía duros, sonríen a través del muro de la extrañeza. Aquí, sentado en un antro de San Telmo, a cuatro pasos del baño. Y la gente sigue hablando y hablando, castrando sus ideas con un cuchillo ya mellado. Y me sorprendo de que esas mal afiladas palabras no me corten, no me hagan daño, infectando. De pronto entiendo que no van dirigidas a mi, pobre prepotente olvidado, ni a nadie, entiendo que son como ese río confundido y contaminado que arrastra lo que encuentra a su paso por que su destino esta ya marcado. Nacerás limpio, morirás mancillado. Como tú, como yo, como las palabras que veo a través del humo de tabaco. Y.... pienso si no será otro el que está sentado en este duro banco, en este bar anciano. ¡Si! ¡Es otro! ¿Y yo? Estoy navegando por una llanura vacía de palabras, con el viento a mi favor, dejando atrás mi alma cansada. Ese yo que es el otro, el que está sentado, retiene las arcadas y no lo consigue y vomita las palabras, mareado, apostado en la quilla de un banco, con chicles pegados debajo y el vaso de nuevo en la mano. Y las velas, hinchadas de viento, golosas de libertad, se rasgan y no son otra cosa que papel higiénico manchado y nuevamente me deslizo al suelo bajo murmullos ahogados, entre la pintada pared, silenciosas palabras esta vez, y el lavabo y mis ojos nublados, no de tabaco esta vez, si de palabras y de asco con sabor a sal, en San Telmo, en un viejo bar.

heroe

Hace unos días me tocó ser un espectador privilegiado en una situación extraña, más aun, por ser algo que pasó desapercibido al resto del mundo excepto para cuatro personas. Una mujer, de no más de treinta y cinco años, estaba parada en lo alto de las escaleras del metro con dos niños. Uno de ellos todavía en el carrito, no podía tener más de un año de vida y otro, dos años mayor que iba andando, agarrando uno de los hierros del carro. La mujer estaba indecisa, el túnel de las escaleras demasiado estrecho e inclinado y la gente pasando a su lado sin registrar la escena, excepto… un tipo joven, malencarado que los miró y fue directamente a ellos. Yo ya había dejado mi posición contra la pared de un comercio y me estaba acercando con un cigarro en los labios. Paré cuando vi que el joven, con una sonrisa sincera y mirando directamente a la madre, ofreció su ayuda, y casi al mismo tiempo que esta le era aceptada fue a agarrar él solo el carro. Aquí fue donde apareció el héroe de nuestra historia. El hermano mayor, sin soltar el carro miró directamente a los ojos del tipo cuando este bajó la mirada interrogante hacia él, y sin dejar de mirarlo, apretó con más fuerza el carro, en gesto de desafío y bravura en sus pequeños ojos. Fue cuestión de segundos durante los cuales el pequeño, sabiéndose inferior encaró a aquel que podía hacerle comer polvo. La madre dándose cuenta de lo que ocurría le dirigió a su hijo unas palabras tranquilizadoras y le tomó de la mano, que ya estaba blanca del esfuerzo. El joven, sonriendo, se limitó a bajar el carrito hasta el andén y esperó a que bajara el resto de la familia. Yo, a todo esto, había tirado mi cigarro, abandonando mi puesto y los seguí abajo. Aun pude descubrir otra mirada del silencioso niño, mientras terminaba de bajar con esfuerzo los últimos escalones, dirigida hacia el tipo posándose luego en su hermanito.
Me puedo imaginar o, mejor dicho, me quiero imaginar a ese niño creciendo, sobreviviendo a la infancia, a la escuela, a un primer amor, sobreviviendo a la vida. Y me lo imagino de mayor, con cicatrices en las rodillas y en el alma, agarrando de nuevo, no una sino muchas veces más, el hierro de otros carros, de otros desvalidos y con la misma mirada gallarda, férrea que le vi aquel día. Una mirada de las que no se diluyen en el tiempo, que puede mover montañas, hacer nacer revoluciones o, simplemente, salvar la esperanza de alguien que necesita un héroe para que el escepticismo que le provoca este mundo, no conquiste del todo su espíritu. Mi espíritu.

la caja de lata

Yo tuve una caja de lata hace más de veinte años. Una caja que escondí después de cavar la dura tierra que hay cerca de mi casa durante toda la mañana de un sábado. “Y” pasos al sur y “X” pasos al norte de mi casa hasta una piedra singular que era, creo recordar, parecida a la cabeza de un jefe indio y otros tantos desde esa piedra hasta la lata. Al cabo de los años regresé a buscarla recordando solamente que dentro de la caja de lata había metido mis más preciados juguetes y recuerdos. Los quería recuperar, no se exactamente por qué. Tal vez quería recordarme inocente y sin problemas estando en una época confusa. Tal vez. No la encontré. No pude encontrar el indio de piedra imaginado por un niño. Tampoco pude recordar exactamente que había en la caja. En los años siguientes, cuando pensaba en ello, me producía inquietud no recordar el lugar ni el contenido. Ahora creo que no la encontré porqué fue un niño quien contó los pasos y trazó el mapa y fue un adolescente el que fue a buscarla. Los pasos no coincidían puesto que eran el doble de grandes. Ahora soy un hombre que ha logrado, creo, resolverlo pero, aunque quiera, nunca podré encontrar la caja de lata: hace no muchos años utilizaron la zona para vaciar tierra que sobraba de la construcción. Mucha tierra. Demasiada. Tengo una caja de lata de mi infancia perdida, sepultada bajo toneladas de tiempo.

el viejo

Hubo una vez un hombre joven y optimista, como casi todos los jóvenes, que pensó en cambiar el mundo. Apoyado en sus sueños, un día, se levantó, tomo una valija y se fue. ¿A dónde? Lejos, muy lejos, llevándose un poco de plata, dos mudas, un libro y el peso de su tierra en el bolsillo izquierdo. Recorrió tierras extrañas, ciudades olvidadas, mares inmensos de nubes blancas. Rió y lloró. Y con las lágrimas aprendió cosas. Y los años fueron pasando, cambiaron el mundo y le cambiaron a él y se hizo viejo. Él seguía soñando el nuevo mundo. Un día se sentó en una roca frente al mar y se recordó chiquito y el mar le dijo: “Tienes suerte de soñar. ¡Tienes suerte! Morirás soñando. Morirás soñando sueños hermosos y despertarás venciendo a la vida, riendo con los pájaros, soñando despierto”

me rasco pero... no salen

llueve y la lluvia, a su paso,
ablanda y luego arrastra
ciertos pensamientos
que se empeñan por querer formar
parte de mi y, ¡¡ disculpen muchachos!!,
no son mas que costras de suciedad.

efimero

Y, a lo lejos, vimos lo que parecía un gran incendio y corrimos
¡por dios si corrimos!
para solo alcanzar el último suspiro del cielo.

plomo

Salió a caminar una mañana, fría y gris, como una de esas mañanas de novela que siempre te ponen en triste ambiente, caminó sin rumbo, necesitando escaparse, huir de la ciudad para respirar otro aire y posar sus ojos en otro cielo y, sobre todas las cosas, en otra gente. Terminó la mañana, apareció la tarde y, amarrada en frío abrazo, la noche. Siguió caminando, y no paró sino una sola vez, para darle pequeños sorbos al agua de una fuente. Entrada la noche, se hizo un hueco en el heno, en un campo y durmió. Soñó estrellas, lejanas, frías como la mañana. Y no despertó más, helada como estaba.

moscas

Exprés.
Un café.
En una ciudad mexicana.
Por la tarde.
Cuanto desconocido a quien no quiero conocer.
Cuanta carne desperdiciada.
Somos moscas de agua.
Vidas efímeras disueltas en agua.
Y el tiempo, ese que inventamos, nos mata.
Carne disecada.
Venimos y nos vamos.
Como en una terminal de tren.
Nuestra vida como el café.
Exprés.
Se enfría o se acaba.
Negro y amargo.
El café, la vida, la mosca.
Todo disuelto en agua.
Los respiro en esta terminal.
En esta ciudad mexicana.

¿es?

Me confundo...
No se si fue una vez o mil.
Todas son la misma.
Tu piel y tu olor han cambiado,
no el vacío que siento al salir de tí.
Con mi esperma
también me vacié de otras cosas,
y todo junto, anudado en el condón,
tomará parte en la contaminación del mundo.
Triste.
Puta.
Realidad

del reves

tengo un paraguas en mi corazón
que me protege de tus palabras
es rojo, brillante,
lo compré en un oulet
y cuando lo abro me duele
por tener que abrirlo por ti
por palabras viejas que caen de los rincones
y no entiendo
si por que me dejas
por que no estamos juntos
pero el paraguas no puede contener
los reproches
y se vuelve del revés
y ya no me protege
se ha convertido en recipiente
y aun más me duele.

tu cuerpo, mis manos

ponte la piel de la noche
para que te pueda acariciar
que me da miedo amarte
cortarme las palma
sangrar la sangre del mar
déjame acariciarte esta noche
ahora que se va a acabar
que los pájaros ya cantan
¡déjate amar!
El rocío en tus ojos
pronto desaparecerá
regresará mañana y, con la noche,
otra vez morirá.
déjame amarte, niña
sin luz, sin pensar
que es lo que tenemos
tu cuerpo, mis manos y oscuridad
en este tiempo sin sueños
que la vida ya es soñar.

regalo

Si quisiera regalarle al alma una sonrisa
no la buscaría en la falda de una gran montaña,
en lo sagrado del templo
ni en discursos de bellas palabras.
La buscaría en la sorpresa de un niño
mientras camino por la plaza o
en las nubes que pasan.
Estaría en el caminar valiente
de ese anciano,
en los posos de un café
compartido, en otra madrugada.
Nacería en la mujer.
La encontraría en tu mirada

llevo

Llevo
como todos, imagino,
la carga de mis elecciones en la espalda
pero también el pecho, en la mirada,
en la sonrisa.
Y me pesa.
¡Cuánto a veces!
Hay momentos en los que
este peso se toma un día,
unas horas libres,
minutos tal vez,
y se va a recorrer la ciudad, o a tomar un café,
solo,
sin mi triste compañía.
¡Que momentos de disfrute me regala!
Mi sonrisa se completa y la vida,
esta, no conozco otra,
me parece completa y, digo,
absolutamente vivible.
Que pena que no se tome unas
largas,
largas vacaciones.

dulce

dulce…..
me condenaré
dulce
me arropa y me consuela
de estas llagas que me cubren el alma
ilusiones
a ti y a mi
dulce
busco el puente
¡oh, dulce!
y busco y clamo
¡que te necesito!
por dios
mis oscuridades navajas y extraño tu cuerpo que no conozco
lo imagino
profundo
y duele, y duele, y duele
y ya no es dulce
afilado
te llamo
y mis palabras suenan a rechazo
y no entiendo como entre mi cabeza y mis labios...
cambian tanto
las palabras
dulce…
no te alejes.

mal de hoy

se exilia mi corazón
hoy
será que estoy depresivo
pensativo
mirando pa´dentro.
necesito enamorarme
tener una mujer a mi lado que me escuche
a la que escuchar
compartir
¿necesito enamorarme?
¡un perro!
no me lo puedo comprar.
no encuentro a nadie
y lo que aparece
¡no da!
un astrólogo me dijo que me costaría
en fin….

miedo

rojo sobre rojo
luz
una habitación
en una calle
en la ciudad
recuerdos
solo yo recuerdo-s
Azul, como las amapolas, azul
que con tijeras de plata se recortan en la noche
en una noche de pieles y jadeos, de sudores, de
pensamientos
pensamientos
pensamientos
que se sonrojan como tu pelo.
y te miro.
veo veo
¿que ves?
un pelicano cano
volando
sobre un charco inmenso
en el un roto en un pantalón gastado
y un tiempo, enfermo, goteando tuc tuc tuc
en una calle estrecha iluminada por la habitación
de una mujer en celo.
Y me pierdo en ti y en la noche
y me despierto en ti
mis manos en tus pechos
las horas en el cenicero
y te susurro al oído si vendrás
más más más
jadeos y yo solo... veo
veo
¿que ves?
Una cabellera roja en una cama sucia
un futuro incierto
un sentir de fuego
y miedo
mucho miedo

¿?

Y...ahora ¿qué?
¿Qué están esperando?
Aquí estoy y ustedes... ¡ahí están!
Y todos esperamos.
¿Qué?
¡Hablen!
¿Esperan algo?
¿un … una respuesta?
Pero, creo, primero tiene que haber una pregunta.
No son lo suficiente... ¡no, no lo son!
¿Saben?
Tengo una pregunta.
Una única pregunta.
No creo que la respondan satisfactoriamente.
Jodido ¿eh?
Pues si. Es jodido.
Maravillosamente jodido.
Yo aquí…. ustedes ahí.
Y la pregunta.
Envolviéndonos.

miel

días con nombre de mujer
húmedos
fatales
de risas y desgarros
y mi pie
acariciándote
mi nariz sabuesa
tus pliegues busca
el olor amargo
del deseo
sin querer
re
amolinándose
con el agua
y el champú de huevo
des
apareciendo
volviéndolo a beber
y no perder nunca
su sabor a Mhiel
tu piel
mujer.

superfluo

Ni la noche siquiera.
No veo las estrellas.
Se que existen.
Enlatado en este, mi mundo.
No veo las estrellas a través del cristal.
Los impulsores callados.
Y yo, solo.
Rodeado de una nave microscópica.
En esta noche que no es noche.
Vacío.
Nada excepto yo, mi traje y mi cabeza.
Respirando oxigeno reciclado.
Respirando pensamientos gastados.
Serpiente bicéfala.
Ninguna sirve para nada.
Tiempo ilusorio.
Mi presente es mi pasado.
En una noche que no es noche.
Vacía aún de estrellas.
Solo yo.
Superfluo.
Eterno.
Girando.
Yo solo.
Ni la noche siquiera.

desguazada

Mi imaginación desguazada repartiéndose al azar
por las calles de esta ciudad.
El cielo gris en los charcos de la última lluvia.
Dudo que sea agua lo que corre por mis mejillas.
Te busqué en los cajones polvorientos de mis recuerdos.
Ahora lo hago en los destellos de los retrovisores,
en el sonido del hormigón y del acero,
en los gritos de los niños,
en las cloacas que son mis pensamientos.
Por saber si existías te busqué.
¿serás un falso recuerdo?

quiero bailes, gritos y chanzas

Y los rostros han cambiado
aclarados por inviernos insomnes.
Y con el calor se fue la alegría.
Con la alegría, el dolor.
La memoria quedó sepultada
en torres de concreto iluminado.
Y el agua de la limpieza son
gotas de rocío en un espejo roto.
Y las risas ya no nacen
abortadas por la condescendencia.
Las risas quieren vivir.
El espejo no las refleja.

el silencio de mi tierra

El tiempo que pasó es lluvia que se evapora con el sol. Mi autoexilio se vuelve pegajoso con el paso del tiempo y mi piel, ahíta de tierras lejanas, ajenas, clama por regresar al pueblo de mis mayores, donde encuentra la paz. El silencio de mi tierra es distinto a todos los demas silencios. La luz y los colores. Los sabores. Tanta necesidad de alejamiento ofuscado por el tirón de la sangre. Y no puedo cambiar. Un puente imposible de contruir entre mi corazón y mi cabeza. Todavía no tengo los materiales. Tan lejos, tan necesario. Tan solo... sueños.

incidental

39 patos en el cielo.
¡Yo los contè!
y una gitana de pacotilla
leyendo las manos
¿cuál es mi destino, muchachita?
"no pasaràs de los 24"
me comunicò felizmente.
y me sentè a tomar un tè helado
dentro de una papelera
y allì reì y reí y luego....
llorè
me faltaba una araña para los 40
no podrìa hornear hoy en tal caso
y las flores creceran sin mi
como un chicle en la pernera
de mi traje de baño.
¿sabes?
¡hoy es mi cumpleaños!
si...
24

palabras

Tengo debajo de la lengua palabras extraviadas, tímidas, disimuladas, que no pueden o que no quieren salir. Palabras que ya fueron pensadas y que a veces me hacen falta, para hablar, para decir, para... tantas cosas.

mentiras

una estación de tren
un abrazo moribundo
y lluvia
una lágrima de mi alma
en mi alma perdida
un pueblo lejano
un bar sin historia
y mentiras.
tu mirada en mis ojos
en los tuyos la mía
una ciudad severa
una palabra al oído
y sonrisas.
bailando tango
en un bosque de espinas
una noche desorientada
unos corazones ansiosos
de caricias.
uniéndose dos cuerpos
sobre una cama fría
un cigarro en la boca
una hoja en blanco
vacía
en este tiempo incierto
que son nuestras vidas

estrañeza

Y yo entre tus calles perdido.
De mí y del aire.
Sin posibilidad de respiro.
Busqué, busco buscándote.
Y no encontrarte.
Tu corazón entre hierro
bajo un mundo de cemento
pero palpita, y se mueve.
Nos cantas su miedo.
De volver a perderte.
Y no te encuentro.
Pero me ahogo en tu abrazo.
Y grito en ese aire
que son tus ojos glaucomados.
Pero no me oyes.
Te pliegas en ti misma.
Te raspas, me devoras, te vacías.
De noche te preño.
¿Y de día?
Te inflas de día.
Y no te encuentro.
Por que en ti me pierdo.
En tus ríos de asfalto.
En la mugre de tus carnes.
En tu cielo.
Y me muero.
Y cuando me alejo
expulsado de tu piel de colores.
De tu historia y tus miedos.
Pasa el tiempo.
Y te extraño.
Cuando estoy lejos.
Extraño tus tiempos de anciano.
Moribundo.
Caminante de pies cansados
Caminante de cenizas y humo.
Que no daría yo por inspirarte de nuevo.
Y luego expulsarte de mí
abrasándome con rabia el pecho.
Por haberte abandonado
Por dejarte de nuevo.
Por cambiarte por otra.
¡ por ti me estoy muriendo!
No haches más mis sueños
por qué de noche me enciego.
Es de noche cuando te veo
cuando sangro sangre de fuego
Y la piel se me enrojece
Cuando me viste tu cielo
Y es de pena, mi niña.
Y es por que rezumo veneno.
Por alejarme de ti yéndome a otros pastos
Que creía más verdes, más sanos.
Pero era una farsa.
No existían tales campos.
Yermas eran sus tierras,
Vacíos estaban los lagos.
Sus ciudades eran apagadas.
Y sus manos de dedos largos
imploraban al cielo
una lluvia de gente para habitarlos.
Y mi corazón llorando.
Por no tenerte a mi lado.
Por no caminar por tus calles.
Por no haberte olvidado.
Quiero de nuevo el miedo de tu pecho
el que siento cuando me envuelves
en tus brazos duros e insomnes
de grises coloreados.
Necesito asfixiarme de nuevo
con tus aires emplomados,
con tus océanos de gentes,
con tu rabia y tu llanto.
Necesito que me mires
y perderme en tus ojos
como lo hacías antes de irme.
Cuando todavía no estaba loco.

llegara tarde

Soy unos ojos de sonrisa cínica.
Amor descafeinado de fin de semana.
Un cuerpo abrazado a otra desconocida
(con un tango de fondo).
Gotas de lluvia envasando mis ansias
de llorar.
Humedad.
Soy una falta de ortografía
en papel reciclado.
Se abra una puerta a la que no he aprendido
a poseer.
De-prisa.
Unas sombras recortadas de
(cualquier)
ciudad y la sirena a lo lejos.
Yo, Ulises, atado al mástil
de sabores perdidos, olvidados siquiera,
por un cabello de la extrañeza.
No me puedo escapar pero no es necesario.
La locura se viste de noche.
Tiene una cita.
Llegará tarde...
¡pero llegará!

el metal es duro

Somos pájaros podridos que no pueden volar
en estos días tristes y confusos.
La vida se nos complica y nos despertamos
entre las pajas de un nido que no es el nuestro.
Somos aves en conserva, caducadas,
que no podemos cantar.
Las plumas mojadas se quedaron en ayer,
en el antes del ayer,
en un charco sucio de la carretera,
pegadas a una llanta,
en las pupilas de un gato hambriento.
Nuestra desnuda piel, nuestro desnudo corazón,
reflejados en el metal sin hacerle mella
mientras la lluvialluvialluvia cae
sobre la frente expuesta.
Y el olor de aceite quemada
viaja entre las torres cárnicas de luz
y la música llorando dobla las esquinas,
espinas en un cielo sin azul.
Los pájaros y la lluvialluvialluvia
intentando desgastar el metal

mi tierra

¿Y mi tierra que es?
una losa en la espalda como equipaje,
inercia que me empuja cuando no puedo más.
¡Ah, Prometeo Cristificado!
tendrás una tierra que no es tuya
como el más condenable de los pecados.

¿sonreiras mañana?

suciedad entre el pasto verde
ese que brilla bajo una farola
que rasca la panza de la noche
bajo un puente un perro
bajo el perro seis
saciándose de vida unas lenguas ásperas
inquietas
¿y la pulga?
durmiendo
cobijada en un futuro prometedor
y la noche riéndose
sonrisa cariada
morirá riéndose la noche
y una mariposa sin faro
sin rumbo
no quiero ser mariposa nocturna
quiero ser…
una tetilla para ser besado
chupado
absorbido
para derramar mí leche en una boca
para sentirme vital
necesario
las hojas lloran y la noche muere
sonrisa y…
¡click!
el cielo se asombra
boca dorada
¿sonreirás mañana?

orgia

Renazco.
Hoy he muerto.
Y estoy frío.
Hay rostros que miran este cuerpo que ya no es mío.
Que es de otros.
Otros que están escondidos.
Y de otros más que vendrán.
A darse un festín.
Con este cuerpo muerto.
Que, repito, dejó de ser mío.
Beben y se emborrachan con lágrimas de dolor.
Se empachan con la tierra que cubrirá el recuerdo.
De quién fui.
Y comienzo a ser más.
Me di vi do.
Me multriplico.
Crezco y vuelvo a morir.
Mis cuerpos no son míos.
Son otros.
Envejezco en instantes.
Muero.
Procreo conmigo mismo.
Y (me) parto.
Me recreo en los jugos.
Yo, que era otro, y antes de él…
Mi padre.
Com parto dolor oloroso.
Y soy todos mis hijos como fui.
Todas mis madres.
De mi crecen flores que se marchitaran.
En tu funeral.
Y tu también serás otros.
Te partirás.
Serás Cristo.
Daremos de comer a los hambrientos.
Orgía.
En el camino solo perderé la memoria.
¡Y seré Dios!

¿me preguntan a mi?

¿Qué es la poesía?
Unos dirán que condensar la vida en palabras mínimas.
Otros.... otros gritarán :
¡una necesidad, obligatoriamente intima!
(como ir al excusado)
Uno dijo que poesía eres tú.
¿yo?
¡Algo jodídamente difícil de escribir!

la pluma

Somos una página usada pero tantas veces ha sido borrada que está en blanco. Nuestra pluma siempre va a coincidir con una letra ya antes escrita.

soy un ciento

Hambre de vida
como si no me quedara tiempo.
Me harto de segundos,
de tiempo incierto.
Y me alimento de muertos
en ataúdes de papel que
son las llaves del cielo.
Respiro gentes.
Sus alegrías y sufrimientos.
Soy un ciento.
Por mi hambre y mis deseos.
Campesino, rey, bufón y hechicero.
Vuelo en mi caballo tordo.
Convidado a un banquete
me empacho de sueños.
Vomito.
Alcoholizado por el deseo.
Terrible mezcla.
Sueños, deseos, vida y hambre.
Para tan poco tiempo.

sin dormir

noche insomne
otra
noche insomne
los parpados pesan mucho
mano pluma tiempo
todo pesa más en las noches insomnes
¿qué se puede hacer cuando todo está hecho?
la luz daña mis ojos cerrados
bajo esos pesados parpados, juegan a la comba,
al veo veo
a juguemos que estoy muerto
muerto muerto muerto de muerte
de mentiras
y no puedo despertar por qué no dormí
otra noche
insomne
otra más.